AlóTeExplica.- La cruda realidad de la moda rápida revela un mundo injusto donde la producción de ropa representa un alto consumo de recursos como la energía y el agua. Se cataloga como una industria insostenible y poco necesaria cuando se ha comprobado que las personas no usan toda la ropa que compran o consumen. Al final, tenemos una sobreproducción textil para llenar closets.
La cruda realidad de la moda rápida
Entre 2000 y 2014, la producción de ropa se duplicó, y los consumidores comenzaron a comprar un 60% más de prendas, usándolas solo la mitad de tiempo en comparación con décadas anteriores. En la actualidad, aproximadamente tres quintas partes de toda la ropa producida terminan en vertederos o incineradoras en un año, lo que equivale a un camión cargado de ropa desechada o quemada cada segundo.
Este problema se ha concentrado principalmente en países del sur de Asia y África, donde la gestión de estos volúmenes masivos de desechos se ha vuelto insostenible. Un vertedero en las afueras de Accra, la capital de Ghana, con un 60% de ropa, ha ganado notoriedad como un símbolo de esta crisis global.
La historia detrás de la acumulación de ropa en el Desierto de Atacama se relaciona con el puerto libre de impuestos en la ciudad costera de Iquique, ubicada en la región occidental del desierto. Este puerto importa millones de toneladas de ropa usada de Europa, Asia y América, convirtiéndose en uno de los mayores puertos libres de impuestos de Sudamérica. La ropa llega a Iquique desde todo el mundo y se distribuye a través de la región.
A medida que la moda rápida ganaba terreno, también lo hacían las importaciones de ropa de segunda mano. Este fenómeno tuvo un impacto significativo en la economía local, mejorando la calidad de vida de los residentes de Iquique. Sin embargo, también desencadenó una avalancha de ropa usada que no pudo ser completamente vendida o reciclada.
La ropa no vendida en los mercados de reventa termina en el desierto, donde su durabilidad se debe en gran parte a los materiales sintéticos que la componen. Los recolectores locales buscan entre los montones de ropa en busca de artículos aprovechables, creando una economía informal en torno a estos desechos.
Una publicación de El País indica que “una investigación calcula que la Unión Europea envió a Kenia en 2021 más de 112 millones de prendas de segunda mano, de las que 56 millones eran inservibles y 37 millones habían sido fabricadas con materiales plásticos”.
El problema de la moda rápida y la acumulación de residuos textiles en el Desierto de Atacama es un recordatorio contundente de la necesidad de repensar nuestros hábitos de consumo y la industria de la moda en su conjunto.
La sostenibilidad y la responsabilidad ambiental deben ser fundamentales en la forma en que producimos, consumimos y desechamos la ropa si queremos evitar que lugares como el Desierto de Atacama se conviertan en testigos silenciosos de una crisis ambiental y social en aumento.





