Japón ejecutó este viernes a Takahiro Shiraishi, conocido como el “asesino de Twitter”, responsable de uno de los crímenes más perturbadores de la última década. Shiraishi, de 34 años, fue sentenciado a muerte en 2020 por asesinar y desmembrar a nueve personas, la mayoría mujeres jóvenes, a quienes contactó a través de redes sociales tras detectar que publicaban mensajes con ideas suicidas.
El caso salió a la luz en 2017, cuando la policía descubrió los restos de ocho mujeres y un hombre en refrigeradores dentro de su apartamento, en la ciudad de Zama, cerca de Tokio. Shiraishi se aprovechó de la vulnerabilidad de sus víctimas, ofreciéndose a “ayudarlas” con sus deseos suicidas, para luego agredirlas sexualmente y asesinarlas. Incluso mató al novio de una de ellas para evitar ser descubierto.
La ejecución de Shiraishi marca la primera vez que Japón aplica la pena capital desde 2022, y la primera bajo el mandato del primer ministro Shigeru Ishiba. El caso reavivó el debate nacional sobre la seguridad en redes sociales y la forma en que se abordan los problemas de salud mental en línea. Además, organizaciones internacionales han criticado la falta de transparencia y el secretismo en torno a las ejecuciones en Japón, donde los condenados suelen ser notificados solo horas antes de ser ejecutados.
Este crimen no solo sacudió a la sociedad japonesa, sino que también puso en evidencia los riesgos de las plataformas digitales y la necesidad de reforzar la protección de usuarios vulnerables en internet.





