El Departamento de Estado de Estados Unidos inició este viernes una reducción significativa de su plantilla, enviando notificaciones de despido a más de 1,300 empleados tanto en el país como en el exterior. Esta medida forma parte de un plan de reestructuración impulsado por la administración del presidente Donald Trump, con el objetivo de optimizar una estructura considerada “sobredimensionada” y mejorar la eficiencia del organismo.
Los avisos de despido fueron enviados por correo electrónico a aproximadamente 1,107 empleados del Servicio Civil y a 246 funcionarios del Servicio Exterior con asignaciones en territorio estadounidense. Los diplomáticos afectados serán puestos en licencia administrativa durante un período de 120 días antes de su separación formal, mientras que los empleados civiles tendrán un plazo de notificación de entre 60 y 90 días.
El plan, diseñado por el secretario de Estado Marco Rubio, busca centralizar y consolidar operaciones para evitar duplicidades y eliminar funciones consideradas no esenciales o ideológicamente incompatibles con la actual administración. Rubio ha defendido esta reorganización como una forma de eliminar una burocracia que limita la innovación y asigna mal los recursos, además de erradicar influencias de “ideologías políticas radicales”.
Sin embargo, la medida ha generado críticas severas por parte de diplomáticos en activo y retirados, así como de organizaciones sindicales como la AFSA, que advierten que estos recortes podrían debilitar la capacidad de Estados Unidos para mantener su liderazgo global y responder a desafíos internacionales en un contexto de alta tensión geopolítica con potencias como China, Rusia e Irán.
Este proceso de despidos masivos se produce tras la autorización de la Corte Suprema para continuar con las reducciones de personal federal, luego de que una orden judicial previa que las bloqueaba fuera revocada. La reestructuración afectará a más de 300 oficinas, con especial impacto en áreas relacionadas con derechos humanos y refugiados, cuyos roles serán reasignados a oficinas regionales.
En resumen, esta reducción representa cerca del 15% del personal nacional del Departamento de Estado, que cuenta con alrededor de 18,000 empleados, y forma parte de un esfuerzo más amplio de la administración Trump para disminuir el tamaño y costo del gobierno federal, aunque con un debate intenso sobre las consecuencias para la diplomacia estadounidense y su influencia global.





