Greenpeace informó un aumento del 317% en balsas usadas para minería ilegal en el río Madeira, en el norte de la Amazonía brasileña, entre enero y julio de este año. En un sobrevuelo reciente, la ONG detectó 542 balsas distribuidas en 22 puntos de los estados de Rondônia y Amazonas, algunas cerca de áreas protegidas como la reserva del Lago do Cuniã y la Tierra Indígena Lago Jauari.
Este crecimiento rápido pone en riesgo la biodiversidad y la calidad del agua, debido a la contaminación por mercurio y la destrucción del hábitat. La minería ilegal afecta gravemente a las comunidades indígenas que dependen del río para su subsistencia. Greenpeace utiliza el sistema de inteligencia Papa Alpha, que identifica estructuras metálicas mediante radar satelital, para monitorear estas actividades.
A pesar de los esfuerzos gubernamentales para controlar esta explotación, la minería ilegal continúa expandiéndose, lo que dificulta su erradicación y altera el equilibrio ecológico de una de las regiones más vitales del planeta. Expertos alertan que esta problemática también está ligada al aumento de la deforestación y a la pérdida de hábitats esenciales para la fauna amazónica.





