En un suceso poco común, un perro criollo reconocido como “el guardián” de Chichén Itzá sorprendió a turistas y trabajadores al escalar sin detenerse los 365 escalones de la pirámide de Kukulkán y aullar hacia el cielo al atardecer. El video, grabado por varios visitantes, muestra al animal posado en la cima justo cuando el sol comenzaba a ocultarse, generando un eco en el antiguo templo que dejó asombrados a los presentes.
Este episodio ha sido interpretado en redes sociales como un acto cargado de simbolismo espiritual. Algunos usuarios sugieren que el perro, conocido entre los custodios por vivir en la zona y protegido por los empleados del sitio, estaría transmitiendo una especie de mensaje o conexión con los dioses mayas. En la cultura local, estos perros se asocian con la función de guías espirituales, acompañando a las almas en su tránsito hacia el inframundo. Por ello, el aullido desde lo alto de la pirámide es visto por muchos como un llamado ritual o un evento con tintes sagrados.
Además, estos perros forman parte de un programa de cuidado que busca protegerlos y adoptarlos, algunos deciden quedarse en el sitio como guardianes silenciosos del patrimonio maya, absorbiendo las malas energías y resguardando el espacio. Este fenómeno ha convertido a estos animales en figuras emblemáticas y recurrentes en historias y videos virales vinculados a Chichén Itzá, sumando un aura mística más al ya imponente conjunto arqueológico.
Así, la presencia imponente de este “perro guardián” en la cima de Kukulkán, aullando al sol poniente, reaviva la conexión entre la naturaleza, la historia y la espiritualidad ancestral en uno de los sitios más emblemáticos de México.





