La reaparición de un antiguo enemigo biológico ha generado preocupación en los sistemas sanitarios de América. Nos referimos a la Cochliomyia hominivorax, más conocida como gusano come carnes del Nuevo Mundo, un parásito que se alimenta de carne viva y que en el pasado tuvo un impacto significativo en la salud pública, la ganadería y la biodiversidad en la región continental.
Tras décadas de control y campañas de erradicación que habían permitido relegarlo a los libros de historia veterinaria, este organismo, capaz de consumir carne viva de sus huéspedes, ha vuelto a instalarse en el continente. En Centroamérica se han producido brotes masivos y, este mes, se ha confirmado el primer caso humano en Estados Unidos.
El comunicado de la Organización Mundial de Sanidad Animal
Esta semana, la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) reconoció oficialmente que la propagación de esta parasitosis avanza de manera sostenida en distintos países de la región.
Hasta el momento, se registraron más de 20.000 brotes en Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y México, según los datos volcados en el Sistema Mundial de Información Zoosanitaria (WAHIS). El mapa de circulación del parásito muestra un escenario preocupante, en el que cada nuevo hallazgo exige respuestas rápidas y coordinadas.
El punto de inflexión llegó a principios de agosto de 2025, cuando el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos informó la detección de un caso humano en Maryland.
El paciente había regresado de un viaje a El Salvador, uno de los países con brote activo. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) confirmaron que se trató de la misma especie que preocupa en la región: la Cochliomyia hominivorax.
La doctora Emily Hilliard, vocera del organismo, remarcó que “este es el primer caso humano de miasis causada por el gusano barrenador del Nuevo Mundo (infestación parasitaria de larvas de mosca) asociada a viajes desde un país afectado por un brote, identificado en Estados Unidos”.
Aunque el paciente recibió atención médica inmediata y logró recuperarse, la noticia marcó un antes y un después. Por un lado, porque demostró que las fronteras sanitarias no son impermeables frente a parásitos endémicos. Por otro, porque reavivó el temor a un enemigo que ya fue capaz de provocar pérdidas millonarias en la ganadería y que, de reinstalarse, podría generar un impacto devastador en la economía estadounidense.





