La polarización social y política, en conjunción con el constante flujo de información negativa en medios y redes sociales, se ha convertido en un riesgo creciente para la salud mental. De acuerdo con lo expresado por la psicóloga Raquel Huéscar en comunicación con EFE Salud, «la polarización tiene un impacto negativo en el espíritu crítico, el diálogo basado en argumentos y la capacidad de cuestionar las ideas preconcebidas. Sus efectos son más perjudiciales de lo que se percibe inicialmente».
La observación de los medios de comunicación, ya sea la prensa o las redes sociales, nos muestra de manera recurrente titulares relacionados con actos de violencia, cancelaciones, conflictos y crispación. Según Huéscar, el contexto actual no favorece la estabilidad emocional. El contexto actual no favorece la situación, y la tecnología no representa una solución, ya que no contribuye a generar un ambiente de tranquilidad ni a establecer relaciones humanas auténticas y cercanas.
La experta advierte que este clima informativo, lejos de fomentar un debate constructivo, incrementa la sensación de inseguridad y promueve el desasosiego. «El sonido de fondo no contribuye a generar tranquilidad, por lo que la situación resulta desalentadora».
La evasión de noticias como forma de protección
En este contexto, cada vez más personas optan por evitar informarse. Un estudio del Institut d’Investigacions Biomèdiques August Pi i Sunyer (IDIBAPS), citado por EFE, siguió durante años a 942 adultos y encontró que la exposición continua a noticias negativas acentuaba los síntomas de ansiedad y depresión.
El fenómeno tiene un reflejo global: el Instituto Reuters detectó que cuatro de cada diez personas en 48 países evitan activamente las noticias, una cifra récord. Las razones principales: el impacto negativo en el estado de ánimo, la saturación informativa, la cobertura de guerras y la política.
Huéscar lo confirma desde la práctica clínica: “Cada vez más gente quiere mantenerse al margen de la información. No quiere leer las noticias o no quiere ver los telediarios como forma de protección”.
Jóvenes y desesperanza
La psicóloga pone el foco en la población joven, donde la percepción del futuro se tiñe de pesimismo. “Estamos en un contexto en el que parece que el futuro no será mejor, y entonces se genera un cierto hilo de desesperanza”.
Aunque no todos lo viven igual —factores como la resiliencia, el apoyo familiar o la situación económica marcan diferencias—, hay síntomas comunes: insomnio, dolores estomacales o cefaleas, que revelan el impacto físico del estrés prolongado.





