Hace dos años, la joven de 18 años a la que llamaremos Emma instaló TikTok en su teléfono por primera vez. Al principio, los vídeos que le proponía la aplicación coincidían con los intereses que había indicado. Pero al cabo de unos minutos, un videoclip musical le llamó la atención.
“La canción hablaba de las dificultades que podía encontrar el cantante en temas relacionados con la infelicidad. Como me quedé bastante tiempo viendo el vídeo, me propusieron otros. Empecé a entrar en esa espiral. Y fue de mal en peor”, testimonia.
En el espacio de una semana, y sin haberlo solicitado explícitamente, la adolescente se enfrentó a vídeos cada vez más tóxicos. “Contenidos que banalizan la muerte, que incitan a la autolesión, a todo tipo de comportamientos peligrosos y nocivos”. La salud de Emma se deteriora. Sus visitas al psicólogo no son suficientes. Deprimida, la adolescente es hospitalizada en seis ocasiones.





