El asesinato a sangre fría de un alcalde que perseguía en persona a delincuentes en el oeste de México, ha impulsado a examinar a fondo la estrategia de seguridad de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Indignados ante el crimen de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, en el estado de Michoacán, decenas de manifestantes prendieron fuego edificios públicos en protestas realizadas el domingo y el lunes en diferentes ciudades de esa región.
Michoacán, con costas en el Pacífico y del tamaño de Costa Rica, es una importante región agrícola donde operan al menos cinco grupos narcotraficantes, encabezados por el poderoso Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Manzo fue ultimado el sábado, en un evento público por la fiesta del Día de Muertos. Un gatillero evadió a la nutrida escolta del edil y le disparó en varias ocasiones.
«Era quien tenía la voz que todos nosotros esperábamos», dijo a la AFP la estudiante Sofía Caseres durante una protesta.
Su amigo de la adolescencia, el diputado local Carlos Bautista, definió a Manzo, quien habitualmente usaba un sombrero vaquero, como «un líder nato».
El asesinato de un alcalde mexicano lleva a Sheinbaum a reforzar su estrategia anticrimen

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