Una de las creencias erróneas más comunes en lo referente a la anatomía femenina está relacionada con el himen, una lámina mucosa que cubre parcialmente o rodea la abertura vaginal. Es un vestigio del desarrollo fetal de los genitales femeninos. Cada himen es único y puede tener muchas formas y tamaños, aunque la mayoría tiene aberturas naturales que permiten el paso del flujo menstrual y otras secreciones.
Dado que cada himen es único, no se «rompe» durante la primera relación sexual, como la mayoría pensamos. Aunque esta creencia parezca atrasada, sigue perpetuando la vergüenza, la desinformación y unas expectativas sociales tóxicas que afectan a todas las mujeres.
La individualidad de cada mujer ayuda a entender por qué el mito popular de «romper el himen» es completamente falso. No es una barrera, y no se ‘rompe’ ni ‘explota’ en la primera relación sexual, sino que se estira», detallan los expertos en sexualidad de Intimina.
«El dolor o sangrado que puede producirse durante el primer encuentro sexual suele estar más relacionado con la falta de experiencia de cualquiera de las partes que con el himen. En algunas personas, esta membrana puede estirarse o desgarrarse levemente durante actividades físicas como montar a caballo, hacer gimnasia o usar tampones o copas menstruales. En otras, puede mantenerse prácticamente sin cambios. Pero ambas situaciones se consideran completamente normales», añaden.
El mito de «romper el himen» nos invita a reflexionar sobre el concepto de «perder la virginidad». El término, en sí mismo, transmite la sensación de despojo, un enfoque que podría estar cargado de ideas patriarcales y tradiciones conservadoras. No obstante, la primera experiencia sexual no supone una pérdida, sino más bien un punto de partida: un inicio en la exploración de la propia sexualidad y la posibilidad de descubrir nuevas formas de conexión y disfrute.
De hecho, el término «virginidad» no pertenece al ámbito médico, sino al social. «La virginidad no es un término médico, sino una construcción social. El valor, la pureza o la dignidad de una persona no están determinados por sus experiencias sexuales. Esta obsesión con el himen ha causado que, a lo largo de la historia, se hayan creado prácticas obsoletas como las ‘pruebas de virginidad’: unas costumbres violentas, que refuerzan la cosificación de las mujeres y pueden producir daño añadido», añaden los expertos.
Al respecto, desde 2018, la Organización Mundial de la Salud y Naciones Unidas las desaconseja, priorizando la educación, el consentimiento y el respeto a las mujeres. Además, el mito de la virginidad sigue poniendo el foco en el coito como sinónimo de actividad sexual, cuando deberíamos educar en una sexualidad amplia y variada.





