El acto carente de compromiso no es intrínsecamente nocivo, sin embargo, para algunas personas ignorar sus propias necesidades o límites emocionales puede acarrear consecuencias.
Si bien comúnmente se asocia con conceptos como libertad e intimidad sin complicaciones, no siempre se considera un factor de empoderamiento. Para algunas mujeres, el proceso puede resultar contraproducente, provocando una sensación inesperada de desgaste.
DW se ha puesto en contacto con mujeres de Norteamérica, Europa y diversas regiones de Asia, quienes han descrito encuentros que les han brindado una sensación momentánea de seguridad, pero que, a largo plazo, han complicado la intimidad profunda.
Heather, una estadounidense de 40 años, resume esa tensión como quedarse «vacía, triste, momentáneamente empoderada, pero siempre queriendo más».
Su experiencia coincide con un fenómeno poco estudiado: la disforia postcoital (PCD), que se caracteriza por emociones negativas después del sexo, como ganas de llorar, irritabilidad o tristeza.
En un estudio de 2020, diversas mujeres reportaron estos síntomas después de actividad sexual consensuada o incluso tras la masturbación; algunas dijeron que aparecían únicamente después del orgasmo. Describían sentirse drenadas o emocionalmente desajustadas durante horas o días.
Los hombres también reportan PCD, pero el estigma histórico sobre la autonomía sexual femenina – y ciertas expectativas sociales – ha llevado a encuestas donde hasta tres de cada cuatro mujeres dicen haber experimentado PCD tras encuentros casuales.
Diferentes motivaciones, resultados igualmente variados
«Creo que no nací para la cultura del sexo casual», contó Ishta, una mujer franco-india de treinta y tantos años. «Anhelo más la conexión que el sexo. A veces esperaba que una pareja [sexual] desarrollara sentimientos por mí o que empezáramos a salir».
El deseo sexual es complejo. Algunos estudios indican que el deseo de muchas mujeres está influido por la necesidad de cercanía emocional y señales de vínculo, lo que dificulta desconectarse durante el acto.
Tara Suwinyattichaiporn, profesora de comunicación sexual y relacional en la Universidad Estatal de California, sostiene que esto está muy relacionado con la crianza. «Desde pequeñas, las mujeres son socializadas para ser cálidas, cuidadoras, afectuosas: rasgos opuestos al desapego emocional. Es mucho más difícil para ellas encarnar esa distancia», explicó.
Los síntomas de PCD pueden aparecer cuando esa necesidad de cercanía no encuentra respuesta, y se agravan si la autoestima es frágil.





