El regreso de Donald Trump al escenario global en el Foro Económico Mundial de Davos 2026 no fue discreto ni conciliador. Fue, en cambio, un manifiesto de poder.
Desde la tribuna alpina, el presidente estadounidense volvió a colocarse en el centro del tablero internacional con una frase que resume su cosmovisión: “Estados Unidos mantiene a flote al mundo entero”.
A partir de ahí, el discurso avanzó como una andanada dirigida principalmente a Europa, pero también a aliados históricos como Canadá, y a escenarios geopolíticos sensibles como Groenlandia, Ucrania y Venezuela.

Trump no habló como un socio más del orden liberal occidental. Habló como quien se considera su garante imprescindible. Según su relato, sin el respaldo económico, financiero, militar y comercial de Washington, gran parte del sistema global simplemente no funcionaría. Europa, insistió, es el ejemplo más claro de esa dependencia.
El mandatario sostuvo que muchos países europeos han construido su prosperidad “aprovechándose” de Estados Unidos, beneficiándose de su mercado, su paraguas de seguridad y su liderazgo económico. Incluso Suiza, anfitriona histórica de Davos, fue señalada. Trump afirmó que el país alpino ganó “41.000 millones de dólares” gracias a su relación con EE.UU., describiéndolo como un actor pequeño, pero altamente favorecido por Washington. “Ni siquiera Suiza sería lo que es ahora sin Estados Unidos”, dijo, en una frase que resonó con incomodidad entre los asistentes.
La idea central fue reiterada una y otra vez: cuando Estados Unidos prospera, el mundo prospera; cuando Estados Unidos es explotado, el sistema se debilita. Desde esa lógica, Trump presentó su “receta del éxito” como un modelo exportable, aunque dejó claro que, a su juicio, Europa ha tomado el camino opuesto durante la última década.
Aseguró que varios países europeos “ya no son reconocibles”, según testimonios que dice recibir de amigos que regresan de visitas al continente. “No lo reconocen, y no de manera positiva”, afirmó. Aunque insistió en que ama Europa y quiere verla prosperar, concluyó que el continente “no se está dirigiendo en la dirección correcta”.





