La forma en que las personas viven, entienden y experimentan su sexualidad está atravesando una transformación profunda. Así lo revela el Informe de Tendencias en Sexualidad 2026 de Lovehoney Group, que identifica cambios culturales, generacionales y tecnológicos que están redefiniendo el placer, las relaciones y el bienestar sexual, con la inteligencia artificial emergiendo como un nuevo actor en la vida íntima.
La sexualidad ya no se rige únicamente por la frecuencia ni por mandatos sociales. De cara a 2026, el placer se vuelve más consciente, selectivo y conectado con el bienestar emocional, mientras la tecnología —y en particular la inteligencia artificial— comienza a ocupar un lugar inédito en los vínculos afectivos y sexuales.
Menos sexo, más elegido: el giro de la Generación Z
El informe destaca que la Generación Z está liderando un cambio de paradigma. A diferencia de generaciones anteriores, los jóvenes priorizan el consentimiento, los límites personales y la conexión emocional por encima de la cantidad de encuentros. El sexo deja de ser una expectativa social para convertirse en una decisión deliberada.
Los datos son claros: solo el 13 % de la Generación Z mantiene relaciones sexuales semanales, frente al 37 % de los millennials. Este fenómeno, denominado “Celiba-Z”, no responde a desinterés, sino a una elección más alineada con valores personales. También se observa un descenso del sexo casual asociado al consumo de alcohol y a encuentros esporádicos, mientras surgen formas de intimidad centradas exclusivamente en el deseo consensuado.
“El acceso masivo a contenidos sexuales poco realistas y a cuerpos idealizados ha incrementado la presión sobre el rendimiento, llevando a muchos jóvenes a replantear su relación con el sexo desde una mirada más consciente”, explica Elisabeth Neumann, sexóloga y responsable de Investigación de Usuario en Lovehoney Group.
La IA como tercera presencia en la intimidad
Uno de los cambios más significativos es la irrupción de la inteligencia artificial en la vida sexual y afectiva. Lo que comenzó como una herramienta de productividad hoy funciona, para muchas personas, como un espacio de consulta, acompañamiento emocional e incluso exploración erótica.
El informe revela que más de la mitad de la población estaría dispuesta a hablar con una IA sobre prácticas sexuales, masturbación o fantasías. Este uso se explica, en parte, por el silencio que aún rodea al sexo en las relaciones humanas: solo el 17,5 % afirma hablar de sexualidad con su pareja de forma habitual, mientras que un 27 % casi nunca o nunca lo hace.
En ese vacío, la IA aparece como un “terapeuta sexual” accesible, anónimo y sin juicio. También comienza a actuar como coach de citas, ayudando a interpretar mensajes o responderlos, dando lugar a fenómenos como el chatfishing, donde no siempre está claro si al otro lado hay una persona real.
El impacto ya es medible: el gasto global en aplicaciones de acompañamiento basadas en IA aumentó más de un 200 % durante la primera mitad de 2025, y se espera que siga creciendo.
Vínculos sin cuerpo y una “crisis del encuentro”
Este avance tecnológico abre interrogantes. Un relevamiento de la app Gleeden indica que 4 de cada 10 argentinos reconocen haber desarrollado algún tipo de vínculo emocional con una IA, mientras que a nivel global 2 de cada 10 usuarios admiten haber tenido interacciones eróticas con estos sistemas.
La psicóloga y sexóloga Gabriela Simone advierte que este fenómeno está generando una “crisis del encuentro”. “La IA ofrece validación constante, previsibilidad y ausencia de conflicto. Es un sistema que nunca se ofende ni confronta, y eso resulta muy seductor”, explica.
Según Simone, el riesgo aparece cuando la intimidad se desplaza del cuerpo a la pantalla. “La sexualidad humana es una experiencia encarnada: piel, respiración, silencios. No es lo mismo tocar que ver una representación del toque”, señala. Este corrimiento puede derivar en una desensibilización progresiva, donde se reduce la frustración, pero también la sorpresa y la profundidad del deseo.
Juguetes sexuales: más diseño, menos tabú
En paralelo, el placer se vuelve más lúdico y visual. Los juguetes sexuales dejan atrás la estética discreta para convertirse en objetos de diseño, fantasía y autoexpresión. Las ventas de juguetes de estética fantástica crecieron un 244 % interanual y las búsquedas de productos “cute” se triplicaron.
Para Neumann, esta tendencia refleja la normalización del bienestar sexual. “Tener un juguete sexual ya no se vive como algo trascendental, sino como una elección cotidiana. Eso abre la puerta a una mayor libertad creativa y de experimentación”, afirma.
La Generación X y una sexualidad en expansión
Aunque el foco suele estar en jóvenes, el informe destaca un momento especialmente positivo para la Generación X. Mujeres de entre 46 y 61 años están explorando nuevas formas de intimidad, relaciones con diferencia de edad y un enfoque más consciente del placer, en un contexto donde la menopausia se aborda con mayor apertura.
Este empoderamiento se vincula a cambios culturales previos. “Las mujeres que crecieron con el popfeminismo de la década de 2010 están aplicando ahora esos aprendizajes a su proceso de envejecimiento”, señala Neumann.
El placer como parte de la salud
Finalmente, el informe subraya la integración del bienestar sexual en una visión holística de la salud. Las búsquedas del término crecieron más de un 25 % interanual y una mayoría reconoce beneficios físicos y mentales asociados al sexo y la masturbación, como la reducción del estrés y la mejora del sueño.
“El placer no es solo un medio para otros fines. Es un componente fundamental del bienestar y una fuente legítima de vitalidad”, concluye Neumann.
De cara a 2026, la sexualidad se redefine entre mayor conciencia, nuevas formas de placer y una tecnología que promete acompañar, pero que también plantea el desafío de no reemplazar la conexión humana.





