Santo Domingo.- Un agricultor sorprendió a un hombre robando auyamas en su terreno y decidió darle un castigo poco común: lo obligó a comerse la auyama cruda en el mismo lugar.
El propietario, visiblemente molesto, le ordenó con firmeza: «¡Cómete la auyama!» mientras lo sujetaba del cuello. Además, le advirtió que no estaba para robar, sino para trabajar: «Éntrale los dientes, que tú no vienes a quitar yerba aquí. Estás muy joven para andar robando».
Este tipo de acciones reflejan la frustración de muchos agricultores ante el robo de sus cultivos, un problema frecuente en zonas rurales donde la inseguridad afecta la producción agrícola. Según datos recientes, los robos en fincas han aumentado, generando pérdidas significativas para los campesinos, quienes a menudo recurren a medidas directas para proteger su trabajo.
Este caso pone en evidencia la tensión entre la necesidad de proteger los recursos propios y la búsqueda de soluciones justas para quienes cometen pequeños delitos por necesidad.





