El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, anunció este lunes 1 de julio el cierre oficial de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que hasta ahora era la entidad principal encargada de la asistencia exterior estadounidense.
A partir de esta decisión, el Departamento de Estado asumirá directamente la gestión de los programas de ayuda internacional. Según Rubio, esta reestructuración busca asegurar que la cooperación exterior esté más alineada con los intereses estratégicos de Estados Unidos, evitando que los recursos se destinen a “gobiernos fallidos” o a organizaciones no gubernamentales con vínculos o simpatías hacia China.
Esta medida refleja un cambio en la política exterior estadounidense, en un contexto global donde la competencia geopolítica con China se intensifica. Al centralizar la ayuda bajo el Departamento de Estado, el gobierno busca tener un control más directo y estratégico sobre cómo se distribuyen los fondos y con qué objetivos, reforzando su influencia en regiones clave.
Históricamente, USAID ha sido un actor fundamental en proyectos de desarrollo y ayuda humanitaria desde su creación en 1961. Sin embargo, la nueva estructura pretende optimizar la coordinación y eficacia de la asistencia exterior en un mundo donde la diplomacia y la seguridad están cada vez más entrelazadas.





