El pasado martes, el Parlamento Europeo aprobó en Estrasburgo una ley contra el desperdicio de alimentos y los residuos textiles, especialmente los originados por la moda rápida: millones de prendas de bajo coste importadas desde China.
Sin realizar modificaciones, los eurodiputados adoptaron de manera definitiva el texto consensuado, negociado previamente con los Estados miembros.
Según la Unión Europea (UE), cada europeo genera al año una media de 130 kilos de residuos alimentarios y unos 15 kilos de desechos textiles, sector en el que el reciclaje es prácticamente nulo.
La nueva ley, que no detalla medidas concretas, establece objetivos vinculantes para los países europeos en materia de reducción de restos alimenticios.
Meta al 2030
En 2030, cada Estado miembro deberá reducir en un 30% aquellos generados en la distribución, la restauración y los hogares; y en un 10% los resultantes de la transformación y la fabricación de alimentos, en comparación con los volúmenes anuales registrados entre 2021 y 2023.
Para alcanzar estos objetivos, menos ambiciosos que los adoptados hace año y medio en primera lectura, los Estados podrán elegir programas de prevención adaptados a la organización de su sector agroalimentario.





