Jean Pierre, con camiseta blanca y vaqueros azules, se encuentra frente a su casa destruida para contar lo que sucedió, vive desde hace varios años en la zona de La Digue, en Pétit-Goave, a la entrada sur de Puerto Príncipe, donde al menos veinte personas murieron este miércoles a consecuencia del desborde del río que lleva el nombre de dicho sector.
Está rodeado de casas destrozadas, cuyos tejados han volado. Antes de la catástrofe su casa tenía cuatro habitaciones, ahora ya no.
“He perdido a cinco miembros de mi familia. Mi padre se subió a un muro, lo que le salvó la vida. A mi hermana, el agua se la llevó hasta allí. Se salvó agarrándose a algo”, cuenta el joven.
La Digue es la zona más afectada de Haití por los efectos del huracán Melissa, con al menos una veintena de muertos, entre ellos una decena de niños, arrastrados por la crecida del río que atraviesa varios barrios de la ciudad de Pétit-Goâve.
A pocos pasos de Pierre vive Kesley Jackenson, coordinador de una asociación local. Recuerda que las cuestiones relacionadas con el medio ambiente estaban en el centro de protestas que organizaron en el pasado, pero que fueron duramente reprimidas por la policía.
“No nos sorprende lo que ha pasado. El Estado central no asume sus responsabilidades. En la zona, una sola familia ha perdido al menos a tres hijos”, dice Jackenson con voz indignada.
“La gente se vio sorprendida por el agua mientras dormía. Hay personas que no han podido salvar nada. Hemos podido rescatar a varias personas que hemos ido a buscar bajo los plataneros. Muchas casas están destruidas. La gente es vulnerable”, añadió.
Sigue lloviendo en Petit-Goave, mientras los ríos y canales se desbordan arrastrando casas y campos agrícolas a su paso. Esto aumenta el riesgo de que se multipliquen los casos de cólera en el país en los próximos días.
“Actualmente, no tenemos dónde dormir. Nos encontramos en la calle. No tenemos un techo bajo el que descansar. Tenemos hambre. Vivimos un doble sufrimiento. Nos enfrentamos a una doble miseria”, dijo Michel Degranges, agricultor, vestido con una camiseta azul sucia.
Este hombre, que lleva tres años viviendo en esta localidad, confiesa que lleva varios días sin dormir debido al huracán. Afirma que las búsquedas continúan y que hay lugares a los que aún no se puede acceder. Esto podría aumentar el balance provisional de víctimas.





