La startup tecnológica Builder.ai enfrentó un escándalo internacional luego de revelarse que su supuesta plataforma de inteligencia artificial para crear aplicaciones era, en realidad, un sistema operado manualmente por cientos de ingenieros. La empresa, fundada en 2016 y valorada en unos 1,500 millones de dólares, prometía desarrollar aplicaciones “tan fácil como pedir una pizza” mediante un chatbot llamado Natasha. Sin embargo, detrás de esa interfaz aparentemente automatizada trabajaban más de 700 ingenieros en India que respondían manualmente las solicitudes de los clientes.
El caso salió a la luz tras una serie de investigaciones periodísticas y la posterior declaración de bancarrota de la empresa en 2024. Informes de medios como The Wall Street Journal y The Telegraph señalaron que la compañía dependía principalmente de trabajo humano y no de algoritmos avanzados como afirmaba. Además, se detectaron irregularidades financieras, incluyendo ingresos inflados hasta en un 300% y prácticas de facturación circular para aparentar mayor actividad económica. El escándalo también salpicó a inversionistas como Microsoft, que había respaldado el proyecto, y se ha convertido en un caso emblemático sobre los riesgos de invertir en tecnologías de inteligencia artificial sin auditorías técnicas rigurosas.
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