SAN JUAN.– El Tribunal Supremo de Puerto Rico determinó que Carliz De La Cruz Hernández, expareja del exponente urbano Bad Bunny, tiene derecho a reclamar una compensación económica por el uso no autorizado de su voz en las canciones “Pa ti” y “Dos mil 16”, donde se escucha la conocida frase “Bad Bunny, baby”.
Con esta decisión, emitida por la jueza Mildred Pabón Charneco, el caso regresará al Tribunal de Primera Instancia, el cual tendrá la tarea de evaluar y determinar si procede una indemnización por daños y perjuicios a favor de la demandante.
La resolución del alto foro judicial revocó parcialmente los fallos de tribunales anteriores. Si bien el Supremo confirmó la desestimación de los cargos vinculados al derecho moral sobre la grabación y a la violación del derecho a la intimidad en su vertiente de la propia imagen, dejó la puerta abierta para que continúe el pleito exclusivamente por la explotación comercial de su voz.
“Bad Bunny, baby” fue grabada por De La Cruz cuando era pareja del artista, pero según la demanda, se utilizó comercialmente sin su consentimiento.
La demanda, radicada originalmente en 2023, sostiene que De La Cruz fue contactada por el equipo del artista para grabar dicho mensaje de voz mientras mantenían una relación sentimental. La demandante alega que la frase y la grabación fueron utilizadas en plataformas digitales y conciertos sin que mediara una autorización formal para su explotación comercial, lo que le ha generado una exposición pública no deseada.
De acuerdo con el expediente, De La Cruz asegura que desde el lanzamiento de ambos temas musicales ha recibido miles de comentarios en sus redes sociales y es abordada constantemente por personas que la identifican con el audio. Esta situación, afirma, le ha provocado cuadros de preocupación, angustia, intimidación y ansiedad.
Tras el dictamen del Tribunal Supremo, el proceso legal vuelve a su etapa inicial en el Tribunal de Primera Instancia, donde se ventilará si el uso de la voz de Carliz De La Cruz Hernández constituye un daño indemnizable y, de ser así, se fijará la cuantía millonaria que el artista o su equipo deberán pagar.





