— Las detonaciones nucleares subterráneas realizadas por el régimen de Corea del Norte han causado una alteración permanente en la estructura geológica del monte Mantap, llegando a reactivar fallas tectónicas que permanecieron dormidas durante milenios. Así lo evidencia un exhaustivo estudio internacional publicado este 18 de septiembre de 2026 en la prestigiosa revista Science bajo el título «Nuclear tests at Mt. Mantap have reactivated intraplate faults».
La investigación fue encabezada por el profesor Kim Kwang-hee, de la Universidad Nacional de Pusan (Corea del Sur), y el profesor Xingli Fan, de la Universidad de Tecnología de Chengdu (China), en un trabajo conjunto con la Academia China de Ciencias y la Administración de Terremotos de China.
De zona estable a epicentro sísmico continuo
Antes de 2006, la región del sitio de pruebas de Punggye-ri era considerada por la comunidad científica como una zona geológicamente estable, sin ningún registro de actividad sísmica a menos de 50 kilómetros a la redonda. Sin embargo, tras analizar 17 años de datos sísmicos continuos (comprendidos entre 2008 y mayo de 2025) obtenidos mediante estaciones en Corea del Sur y el noreste de China, el equipo identificó un total de 1,399 sismos locales focalizados alrededor del polígono nuclear.
| Parámetro evaluado | Datos del estudio (Science, 2026) |
| Período analizado | 2008 – Mayo de 2025 (17 años de registros sísmicos) |
| Sismos detectados | 1,399 eventos locales en Punggye-ri |
| Detonación detonante | 3 de septiembre de 2017 (160 kilotones; sismo magn. 6.3) |
| Localización de fallas | 2 estructuras de 24 km a menos de 1 km de profundidad |
El impacto crítico de la sexta prueba atómica
A diferencia de lo que ocurre habitualmente con las explosiones subterráneas —donde las réplicas y la actividad sísmica decaen progresivamente—, en Punggye-ri sucedió el fenómeno inverso. Tras el sexto ensayo nuclear del 3 de septiembre de 2017 (el más potente hasta la fecha, con un rendimiento estimado de 160 kilotones y que generó un terremoto inicial de magnitud 6.3), la sismicidad lejos de aplacarse se intensificó unos 20 días después, incrementando de forma constante en frecuencia y magnitud hasta mayo de 2025.
Los datos indican que los temblores provienen de poca profundidad (menos de 1 km) y se concentran sobre dos fallas de aproximadamente 24 kilómetros orientadas en dirección norte-noroeste.
«Las explosiones repetidas dañaron de forma progresiva la corteza superficial y redistribuyeron el estrés tectónico, lo que terminó por reactivar fallas geológicas que ya se encontraban al borde de la ruptura», concluyeron los autores de la investigación.
Los hallazgos, también respaldados en reportes de medios internacionales como CNN y The Korea Times, constituyen la prueba científica más contundente sobre cómo la intervención nuclear humana puede modificar permanentemente la geodinámica profunda de la Tierra.





