SANTO DOMINGO. — La República Dominicana necesita mirar más allá de las urgencias actuales y garantizar desde ahora la energía que requerirá su crecimiento económico durante los próximos años. Esa es la visión planteada por el ministro de la Presidencia, Joel Santos, quien defendió la importancia de una planificación energética que permita al país contar con suficiente capacidad de generación más allá de 2032.
Al referirse a la estrategia energética del Gobierno, Santos explicó que el objetivo no es simplemente responder a la demanda del presente, sino dejar contratada y en desarrollo la capacidad necesaria para evitar que el país tenga que enfrentar nuevamente períodos de incertidumbre por falta de generación.
“Nuestra estrategia en materia de energía, y por eso es la importancia de la planificación, es dejar suficiente energía, ya sea en operación o en desarrollo, ya licitado, para que la República Dominicana pueda disponer de tranquilidad energética más allá del 2032”, afirmó Santos.
La declaración coloca la planificación en el centro de la política energética nacional y plantea una pregunta que trasciende al Gobierno de turno: ¿está el país preparando hoy la energía que necesitará mañana?
No esperar a que falte la energía
La importancia de la declaración de Santos radica precisamente en el horizonte que plantea.
Una economía que crece necesita más electricidad. El desarrollo de nuevas industrias, centros comerciales, hoteles, viviendas, parques industriales y servicios digitales aumenta progresivamente la demanda energética.
Por eso, la planificación no puede limitarse a construir una planta cuando ya existe un déficit.
La lógica planteada por el funcionario es diferente: anticipar la demanda, licitar con tiempo y garantizar que los proyectos estén en operación o suficientemente avanzados antes de que sean necesarios.
Ese enfoque busca reducir el riesgo de que el crecimiento económico termine presionando un sistema eléctrico que no tenga capacidad suficiente para responder.
La tranquilidad energética como meta
Cuando Santos habla de “tranquilidad energética”, el concepto va más allá de que haya electricidad disponible.
Implica contar con una matriz capaz de responder al crecimiento de la demanda, disponer de reservas suficientes y mantener proyectos en desarrollo que permitan sustituir o complementar la generación existente.
Para una economía como la dominicana, donde sectores como turismo, zonas francas, comercio, industria y servicios dependen cada vez más de un suministro eléctrico estable, garantizar esa capacidad se convierte también en una política de competitividad.
Una interrupción o insuficiencia energética no solo afecta al consumidor residencial. También puede representar pérdidas para empresas, afectar inversiones y limitar la expansión de nuevas actividades económicas.
El reto está en lo que todavía no se ve
La parte más importante de la estrategia energética quizás no sea la energía que actualmente está disponible, sino la que todavía está en construcción, licitación o planificación.
Ahí está el verdadero desafío.
El Gobierno tendrá que demostrar que los proyectos anunciados avanzan dentro de los plazos previstos y que la nueva capacidad llegará cuando el sistema realmente la necesite.
Porque una planificación energética solo funciona si las proyecciones se convierten en infraestructura.
De nada sirve anticipar que la demanda crecerá si las plantas, líneas de transmisión y demás proyectos necesarios no llegan a tiempo.
Energía para sostener el crecimiento
La visión planteada por Santos también conecta directamente con el modelo de crecimiento que ha experimentado República Dominicana.
Más turismo significa más hoteles y establecimientos que requieren electricidad. Más zonas francas implican mayor consumo industrial. Más viviendas y vehículos eléctricos podrían elevar la demanda residencial y comercial.
La pregunta, por tanto, ya no es solamente cuánta energía necesita hoy el país, sino cuánto necesitará cuando su economía sea todavía mayor.
Desde esa perspectiva, la meta de garantizar capacidad más allá de 2032 constituye una apuesta de largo plazo.
Una política que debe trascender los gobiernos
La energía es uno de esos sectores donde los resultados no pueden medirse únicamente en períodos electorales.
Una planta puede tardar años en planificarse, licitarse, financiarse y construirse. Lo mismo ocurre con grandes proyectos de transmisión y con determinadas inversiones de generación.
Por eso, la declaración de Santos pone sobre la mesa un principio fundamental: la política energética necesita continuidad.
El verdadero éxito de la estrategia no será que dentro de seis años el Gobierno pueda decir que tenía proyectos en desarrollo.
Será que, llegado 2032 y los años posteriores, República Dominicana tenga suficiente capacidad para sostener su crecimiento sin sobresaltos.
En definitiva, el mensaje de Joel Santos puede resumirse en una idea: la tranquilidad energética del futuro se construye con decisiones tomadas hoy.
Y ese quizás sea uno de los mayores retos de la planificación nacional: garantizar que la energía no se convierta en un obstáculo para el crecimiento que República Dominicana aspira a alcanzar.





