La comunicadora compartió una experiencia personal con sus hijos y su hermano gay, generando cuestionamientos sobre los límites de la crianza y las creencias en torno a la orientación sexual.
SANTO DOMINGO, República Dominicana.— La comunicadora Yari Dotel ha generado debate tras compartir una reflexión sobre la crianza, la convivencia familiar y la orientación sexual, a partir de una experiencia personal relacionada con su hermano, quien es gay, y sus hijos cuando eran pequeños.
El tema vuelve a colocar sobre la mesa una discusión sensible: hasta qué punto las experiencias familiares y el entorno influyen en el desarrollo de los niños y qué diferencias existen entre establecer límites durante la crianza e intentar relacionar determinadas conductas infantiles con la futura orientación sexual.
De acuerdo con una publicación de El Pregonero, Dotel relató que observó ciertos comportamientos en sus hijos que le generaron preocupación durante la convivencia con su tío. Ante esa situación, explicó que estableció límites en determinadas formas de interacción dentro del hogar, junto con la persona encargada de cuidar a los niños.
La comunicadora planteó, desde su perspectiva personal, que el entorno podría influir en la orientación sexual y reflexionó sobre lo que habría ocurrido si no hubiese intervenido.
Sin embargo, esta interpretación debe distinguirse de las conclusiones científicas sobre la orientación sexual. Una experiencia familiar, por sí sola, no demuestra que la convivencia con una persona gay determine la orientación sexual de un niño.
Crianza, límites y orientación sexual: una diferencia fundamental
La crianza implica orientar a los hijos, enseñarles respeto, establecer normas de convivencia y protegerlos de situaciones que puedan resultar perjudiciales. Los padres tienen la responsabilidad de procurar ambientes seguros y adecuados para su desarrollo.
No obstante, establecer límites de convivencia no es lo mismo que intentar controlar o modificar la orientación sexual de una persona.
La orientación sexual no puede atribuirse de manera simplista a la influencia de un familiar, a la convivencia con una persona homosexual o a determinados comportamientos observados durante la infancia. Tampoco debe confundirse la expresión de gustos, juegos o formas de comportamiento infantil con una definición de la orientación sexual futura.
Por ello, el debate suscitado por Dotel merece abordarse con información y sensibilidad, evitando que una experiencia individual se convierta en una conclusión general sobre todas las familias.
El papel de la familia y la responsabilidad de los adultos
La conversación también permite reflexionar sobre el papel de los adultos en la formación de los niños. Los padres pueden transmitir valores, establecer reglas y orientar conductas, pero deben hacerlo sin fomentar prejuicios ni generar vergüenza respecto a la diversidad humana.
La presencia de un familiar gay no constituye, por sí misma, una amenaza para el desarrollo infantil. Como en cualquier relación familiar, lo importante es que exista respeto, protección, afecto y límites apropiados para la edad de los niños.
En este sentido, la discusión no debería centrarse en presentar la homosexualidad como un comportamiento que debe evitarse, sino en promover relaciones familiares saludables y una educación basada en el respeto.
Una reflexión que necesita información, no prejuicios
Las declaraciones de Yari Dotel abren una oportunidad para discutir cómo las creencias personales influyen en las decisiones de crianza y cómo distinguir entre las preocupaciones legítimas de los padres y las interpretaciones que carecen de respaldo científico.
La experiencia de una madre puede ser válida como relato personal, pero no constituye por sí sola evidencia de que determinadas formas de convivencia produzcan una orientación sexual específica.
El desafío consiste en que las familias puedan hablar sobre estos temas sin convertir las diferencias en motivos de rechazo o discriminación.
En definitiva, criar significa acompañar, proteger y orientar a los hijos para que desarrollen su identidad en un entorno seguro. Los límites familiares son necesarios, pero deben sustentarse en el bienestar infantil, no en la idea de que la orientación sexual de un adulto puede determinar la de un niño.





