Santo Domingo. — Durante su participación en el programa Medio a Medio, la sexóloga Elaine Féliz afirmó que la violencia sexual no debe interpretarse únicamente como una expresión de deseo, sino también como una manifestación de poder y dominación sobre las mujeres.
Al abordar el tema de las agresiones sexuales cometidas en grupo, Féliz cuestionó la idea de que los hombres que participan en estos actos lo hacen simplemente por deseo sexual. En ese sentido, sostuvo que estas conductas pueden responder a una intención de demostrar poder frente a otros hombres y reafirmar una posición de dominio sobre la víctima.
“Cuando hablamos de violencia, hablamos de poder”, expresó la especialista al explicar que estas agresiones también reflejan una estructura social que históricamente ha colocado a los hombres en posiciones de autoridad y control.
Asimismo, planteó que la participación de varios hombres en una agresión puede convertirse en una forma de exhibir ante sus pares la capacidad de someter y doblegar a otra persona.
El machismo y la represión emocional masculina
Durante la conversación, Elaine Féliz también reflexionó sobre las consecuencias del machismo en la salud emocional de los hombres, señalando que uno de sus principales efectos es la desconexión de sus sentimientos.
La sexóloga explicó que los patrones tradicionales de masculinidad suelen limitar las emociones que los hombres pueden expresar socialmente, permitiéndoles mostrar principalmente la rabia, mientras desalientan manifestaciones de tristeza, miedo o vulnerabilidad.
Como ejemplo, describió la situación de un estudiante que reprueba un examen y, en lugar de pedir otra oportunidad a su profesor, siente que debe reaccionar con enojo o recurrir a comportamientos agresivos para demostrar fortaleza.
“El machismo se aprende y también se desaprende”
Féliz enfatizó que los comportamientos violentos no son características con las que los hombres necesariamente nacen, sino conductas que pueden desarrollarse a través de la educación, el entorno social y los modelos de masculinidad predominantes.
En ese contexto, mencionó actitudes cotidianas, como las de un conductor que maneja de forma agresiva y pone en riesgo a los demás, para ilustrar cómo ciertos comportamientos pueden estar relacionados con una cultura que premia la demostración de fuerza y la imposición sobre otras personas.
La especialista insistió en la importancia de cuestionar estos patrones y promover una educación emocional que permita a los hombres expresar sus sentimientos sin recurrir a la violencia.
Su intervención concluyó con una reflexión sobre la necesidad de transformar los modelos tradicionales de masculinidad y construir relaciones basadas en el respeto, la igualdad y el reconocimiento de las emociones.
El planteamiento central de Féliz es que comprender cómo se aprende el machismo constituye un paso importante para prevenir la violencia y fomentar formas más saludables de relacionarse.





