La especialista en salud mental y sexología plantea que, al establecer una relación de pareja, es necesario construir un proyecto de vida común sin permitir que las familias de origen desplacen el vínculo entre ambos.
La especialista en salud mental y sexología Ana Simó puso sobre la mesa uno de los temas que con mayor frecuencia genera conflictos en las relaciones sentimentales: la dificultad de establecer límites con la familia de origen y dar prioridad al vínculo de pareja.
Con un planteamiento directo, Simó llamó a reflexionar sobre el lugar que ocupa la pareja una vez que dos personas deciden unir sus vidas y construir un proyecto en común.
“Eso está jodón, porque al momento que usted se une con esa persona, su familia tiene que ser esa persona y después va su familia de origen”, expresó la especialista, al referirse a la importancia de reorganizar las prioridades afectivas cuando se establece una relación.
Su reflexión apunta a una realidad que atraviesa numerosos hogares: las tensiones que surgen cuando uno de los miembros de la pareja mantiene una dependencia excesiva de sus padres o familiares, permite que estos intervengan en decisiones privadas o coloca sus opiniones por encima de los acuerdos construidos dentro de la relación.
Desde esta perspectiva, formar una pareja implica asumir compromisos, desarrollar autonomía y establecer límites saludables con el entorno familiar, sin que ello signifique abandonar a los padres ni romper los lazos con hermanos y otros seres queridos.
Simó también advirtió sobre las consecuencias de mantener ese desequilibrio, al señalar que quienes continúan priorizando sistemáticamente a su familia de origen por encima de su pareja no deberían ignorar el impacto que esa dinámica puede tener en la estabilidad de la relación.
“Si usted sigue priorizando su familia de origen, usted no puede quejarse de que su relación se deteriore”, fue parte de su planteamiento.
Construir una nueva familia sin romper con la anterior
El planteamiento de la especialista abre un debate necesario sobre la diferencia entre amar a la familia de origen y permitir que sus intereses condicionen permanentemente la vida en pareja.
Cuando no existen límites claros, los desacuerdos pueden convertirse en conflictos recurrentes, alimentar resentimientos y debilitar la confianza. Sin embargo, la responsabilidad de preservar una relación no recae exclusivamente en una persona: requiere comunicación, respeto mutuo, acuerdos y disposición de ambas partes para resolver las diferencias.
La reflexión también invita a comprender que priorizar a la pareja no significa tolerar abusos, renunciar a la propia autonomía ni aceptar situaciones perjudiciales. Se trata de construir un vínculo en el que ambos puedan tomar decisiones de manera conjunta y mantener relaciones familiares saludables.
En definitiva, el mensaje de Ana Simó pone el foco en una cuestión esencial: formar una pareja supone construir una nueva unidad familiar, con límites y prioridades compartidas, sin que los vínculos anteriores se conviertan en una fuente permanente de conflicto.





