El ejército de Ucrania lanzó ataques contra al menos tres refinerías de petróleo y dos instalaciones energéticas en territorio ruso durante los últimos cuatro días, en una nueva ofensiva contra la infraestructura energética de Moscú. Las operaciones se produjeron en vísperas de las elecciones legislativas de Estados Unidos y después de una pausa de casi dos semanas en los ataques ucranianos contra refinerías rusas.
La ofensiva se reanudó el pasado viernes y provocó reacciones del Kremlin, que calificó las acciones como un acto de desobediencia al presidente estadounidense Donald Trump, quien había solicitado al mandatario ucraniano, Volodímir Zelenski, detener los ataques para favorecer una reducción de los precios de los combustibles antes de los comicios. Según análisis de fuentes abiertas realizados por medios rusos y ucranianos, las instalaciones afectadas representan aproximadamente el 10 % de la capacidad total de refinación de petróleo de Rusia y más del 10 % de su producción de diésel.
Entre los objetivos atacados figuran una refinería en la región de Samara, donde se registró un incendio tras un ataque con drones, y un parque de almacenamiento de combustible que, según el medio independiente ruso Astra, constituye el mayor de Europa, con 71 depósitos y una capacidad superior a 1.6 millones de metros cúbicos. También fue atacada una refinería en Ufá, capital de Bashkiria, que procesó 3.8 millones de toneladas de petróleo en 2024, así como una instalación perteneciente a Lukoil en la región de Nizhni Nóvgorod. Tras este último ataque, las autoridades locales establecieron restricciones en las estaciones de combustible.
En respuesta a la presión estadounidense para detener las operaciones, Zelenski manifestó que Ucrania estaría dispuesta a suspender durante un mes los ataques contra las refinerías rusas si Estados Unidos proporciona misiles Patriot para sus sistemas de defensa aérea durante el mismo período. Como alternativa, planteó una tregua energética recíproca que también obligue a Rusia a detener sus bombardeos contra la infraestructura energética ucraniana. Según las autoridades de Kiev, Rusia realizó más de 350 ataques contra instalaciones energéticas de Ucrania durante septiembre y octubre.
El mandatario ucraniano también cuestionó el acuerdo entre Donald Trump y Vladímir Putin relacionado con el suministro de diésel ruso al mercado estadounidense, al que calificó de un regalo para Moscú. Mientras tanto, la reanudación de los ataques evidencia las diferencias entre las posiciones de Washington y Kiev sobre la estrategia energética en el conflicto. Las operaciones ucranianas buscan afectar instalaciones fundamentales para el procesamiento y distribución de combustibles rusos, en medio de las tensiones diplomáticas y militares entre ambos países.





