El miedo a perderse experiencias que otras personas están viviendo, conocido como Fear of Missing Out (FOMO), se ha convertido en un fenómeno asociado al uso de las redes sociales, especialmente entre los adolescentes. Este comportamiento genera ansiedad ante la posibilidad de quedar excluidos de actividades, encuentros o experiencias que sus amigos y conocidos comparten en plataformas digitales. Sin embargo, no constituye un diagnóstico clínico, sino que está relacionado con la comparación social impulsada por la exposición constante a estos contenidos.
La psicóloga infanto-juvenil Dominique González explicó que los adolescentes pueden ser más vulnerables al FOMO porque atraviesan una etapa en la que construyen su identidad y desarrollan las características que definen su personalidad. Durante este proceso, es habitual que busquen aprobación externa, lo que puede influir en su autovaloración. Asimismo, la necesidad de pertenecer a determinados grupos sociales y las dificultades propias del aprendizaje de la autorregulación emocional pueden aumentar esta vulnerabilidad.
La exposición frecuente a las redes sociales también puede influir en estos procesos, debido a que los adolescentes observan publicaciones sobre experiencias, compras, gustos y actividades de otras personas que no siempre representan la realidad completa. Según la especialista, las plataformas suelen mostrar principalmente momentos positivos, lo que favorece las comparaciones constantes y puede generar ansiedad ante la percepción de no tener acceso a las mismas oportunidades o experiencias que los demás.
Entre las señales relacionadas con el FOMO se encuentran la inquietud cuando no tienen acceso al teléfono celular, la necesidad constante de revisar las notificaciones y la presión por responder rápidamente los mensajes. También pueden experimentar dificultades para disfrutar del momento cuando sus planes no incluyen a sus amistades y expresar preocupación por perderse encuentros o actividades organizadas por sus compañeros. En el ámbito emocional, este fenómeno puede afectar la autoestima, provocar sentimientos de insuficiencia e inconformidad con la propia vida e intensificar el estrés, los problemas de sueño y las dificultades de concentración.
Ante esta situación, González recomienda a los padres mantener una comunicación abierta con sus hijos adolescentes, permitiéndoles expresar sus emociones sin sentirse juzgados o minimizados. También considera importante fomentar un uso saludable de la tecnología mediante el ejemplo de los adultos y promover espacios de socialización libres de pantallas. Estas medidas buscan fortalecer las relaciones personales, la autoestima y la capacidad de los jóvenes para disfrutar sus experiencias sin depender constantemente de lo que sucede en las redes sociales.





