Irán rechazó durante el fin de semana el plan de alto al fuego impulsado por Estados Unidos al presentar una contrapropuesta que exige una reestructuración política y económica del conflicto. Teherán condicionó su aceptación al pago de daños de guerra, el levantamiento de sanciones, la liberación de activos congelados y el reconocimiento explícito de su soberanía sobre el estrecho de Ormuz.
Según medios estatales iraníes, estas condiciones representan el mínimo necesario para sostener un acuerdo sin provocar una crisis interna en el país. Sin embargo, en Washington la propuesta fue interpretada como una lista de exigencias máximas imposibles de aceptar dentro del actual contexto político estadounidense.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó la respuesta iraní como “totalmente inaceptable” y la describió como un “pedazo de basura”, dejando claro su rechazo al borrador enviado por Teherán. Además, aseguró que la propuesta era “increíblemente débil” y confirmó que no aceptará la respuesta tras diez días de espera por parte de Washington.
Entre los principales puntos planteados por Irán figuran la garantía de no agresión, la retirada de fuerzas militares estadounidenses cercanas a su territorio, el levantamiento del bloqueo naval, la liberación de activos congelados, el pago de indemnizaciones, el levantamiento de sanciones y un nuevo mecanismo de tránsito por el estratégico estrecho de Ormuz.
El principal punto de choque sigue siendo Ormuz, por donde antes del conflicto transitaba cerca del 20 % del petróleo comercializado en el mundo. Tras el rechazo de Trump, el petróleo Brent subió hasta 105.50 dólares por barril, mientras el crudo estadounidense rondó los 98 dólares. Arabia Saudí ya impulsa exportaciones por rutas alternativas, mientras la presión sobre los precios energéticos vuelve a elevar el temor global a una nueva ola inflacionaria.





