El geólogo Osiris de León afirmó que los daños provocados por los recientes terremotos en Venezuela deben servir como una alerta para República Dominicana y el resto del Caribe, al considerar que la prevención sísmica no puede depender únicamente de la reacción después de una tragedia. Durante una entrevista en el programa Despierta con CDN, señaló que los eventos ocurridos en Haití, Puerto Rico y Venezuela evidencian la necesidad de fortalecer las políticas de gestión del riesgo.
El especialista recordó que República Dominicana también está expuesta a la actividad sísmica, citando como referencia el terremoto de 1946 que afectó la costa noreste del país y generó un tsunami. En ese sentido, sostuvo que la prioridad debe ser revisar desde ahora las condiciones de hospitales, escuelas, puentes, edificios y viviendas construidas sin supervisión técnica para reducir la vulnerabilidad ante futuros eventos.
De León propuso que cada ciudad con más de 10,000 habitantes cuente con una microzonificación sísmica pública que identifique las características de sus suelos, como roca, arena, arcilla o rellenos, ya que estos influyen en la intensidad con que se perciben los terremotos. Asimismo, recomendó actualizar periódicamente el Reglamento R-001 de análisis y diseño sísmico para incorporar los aprendizajes técnicos que dejan los grandes sismos registrados en distintas partes del mundo.
El geólogo explicó que disponer de un reglamento no es suficiente si no existe una aplicación efectiva de las normas, supervisión adecuada de las construcciones y mantenimiento constante de las infraestructuras. También advirtió sobre el deterioro que pueden presentar edificaciones antiguas debido a la corrosión, filtraciones, degradación de materiales o falta de mantenimiento, factores que incrementan el riesgo durante un movimiento telúrico.
Como parte de sus recomendaciones, insistió en evaluar bajo criterios de sismorresistencia hospitales, escuelas, iglesias, puentes, elevados y otras obras públicas estratégicas. Además, llamó a convertir la prevención en una política permanente mediante la actualización de los códigos de construcción, inspecciones técnicas, mapas de suelo accesibles, educación ciudadana y simulacros, recordando que, aunque los terremotos no pueden predecirse, sus consecuencias sí pueden reducirse con una adecuada preparación.





