La infección por el virus de la inmunodeficiencia humana puede evolucionar durante años sin presentar síntomas evidentes. La detección temprana y el acceso oportuno al tratamiento médico son fundamentales para controlar su progresión y reducir sus complicaciones.
Santo Domingo, 5 de octubre de 2026.— El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) ataca el sistema inmunitario y debilita progresivamente la capacidad del organismo para combatir infecciones y determinados tipos de cáncer. A medida que el virus afecta las células encargadas de la defensa inmunológica, la persona puede desarrollar distintos grados de inmunodeficiencia.
La función del sistema inmunitario suele evaluarse mediante el recuento de linfocitos CD4, células fundamentales para la respuesta defensiva del organismo. Cuando estas disminuyen, aumenta el riesgo de desarrollar infecciones y enfermedades que, en personas con un sistema inmunitario saludable, suelen ser controladas con mayor facilidad.
La etapa más avanzada de la infección por VIH es el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida). Sin tratamiento, esta fase puede aparecer después de varios años y su evolución varía de una persona a otra. Las personas que desarrollan sida pueden presentar infecciones oportunistas, determinados tipos de cáncer y otras complicaciones graves.
Los síntomas pueden variar según la etapa
Los signos de la infección por VIH no son iguales en todas las personas y dependen de la fase en la que se encuentre la enfermedad.
Durante las primeras semanas después de la infección, algunas personas pueden no presentar ningún síntoma. Otras pueden experimentar un cuadro similar al de una gripe, con fiebre, dolor de cabeza, erupciones cutáneas, dolor de garganta, cansancio o inflamación de los ganglios.
Uno de los principales desafíos es que, después de esta etapa inicial, una persona puede permanecer durante un período prolongado sin síntomas evidentes. Esto significa que sentirse bien no necesariamente descarta una infección por VIH.
A medida que la enfermedad avanza sin tratamiento, el deterioro del sistema inmunitario puede favorecer la aparición de infecciones recurrentes, pérdida de peso, fiebre persistente, sudores nocturnos, diarrea prolongada y otros problemas de salud.
¿Cómo se transmite el VIH?
El VIH se transmite principalmente mediante determinados fluidos corporales cuando existe una vía de exposición. Entre las situaciones que pueden aumentar el riesgo se encuentran las relaciones sexuales anales o vaginales sin preservativo y el intercambio de agujas, jeringuillas u otros materiales contaminados durante el consumo de drogas inyectables.
También pueden incrementar el riesgo la presencia de otras infecciones de transmisión sexual, entre ellas sífilis, herpes, clamidia o gonorrea.
La transmisión también puede producirse cuando se reciben transfusiones de sangre, inyecciones o trasplantes de tejidos que no cumplen con los controles de seguridad correspondientes.
La detección temprana es fundamental
Debido a que el VIH puede permanecer durante años sin provocar síntomas claros, las pruebas de detección desempeñan un papel esencial. Identificar la infección permite iniciar el seguimiento y tratamiento médico de manera oportuna.
Los tratamientos actuales contra el VIH pueden reducir la cantidad de virus en el organismo y ayudar a preservar el sistema inmunitario. Por ello, conocer las vías de transmisión, reconocer los posibles signos y realizarse una prueba cuando exista una situación de riesgo son medidas fundamentales para proteger la salud.
La información y la atención médica oportuna siguen siendo herramientas esenciales para prevenir nuevas transmisiones y evitar que la infección evolucione hacia etapas avanzadas.





