El comunicador y politólogo sostiene que la dirigente opositora no supo interpretar los intereses estratégicos de Estados Unidos, mientras el chavismo y sectores de la oposición avanzan en conversaciones sin su participación directa.
Santo Domingo, RD.-El comunicador y politólogo Manuel Cruz considera que el proceso político venezolano constituye una demostración de que, en las relaciones internacionales, los intereses estratégicos de las grandes potencias suelen imponerse sobre las lealtades políticas. A su juicio, María Corina Machado enfrenta las consecuencias de no haber interpretado adecuadamente las prioridades de Washington en la búsqueda de una salida a la crisis venezolana.
«Si hay un proceso que ha demostrado mi tesis de que la geopolítica no tiene corazón o no tiene sentimientos, se llama Venezuela y se llama María Corina Machado», afirmó Cruz al analizar el rumbo de las negociaciones entre el chavismo y sectores de la oposición.
La reflexión del politólogo se produce en medio de las críticas de Machado por su exclusión de las conversaciones políticas impulsadas con el respaldo de Estados Unidos, en las que participan representantes del Gobierno encabezado por Delcy Rodríguez y delegados de organizaciones opositoras.
La dirigente venezolana ha cuestionado que su liderazgo no esté representado directamente en esa mesa de negociación, pese a su protagonismo dentro de la oposición. El escenario evidencia una reconfiguración de las alianzas políticas en la que Washington desempeña un papel determinante. El País.
Los intereses de Washington por encima de las alianzas políticas
Para Manuel Cruz, el caso de Machado refleja los límites de una estrategia política que apostó fuertemente por el respaldo estadounidense, pero que no le ha garantizado un asiento directo en las negociaciones que podrían definir el futuro institucional de Venezuela.
Su planteamiento parte de una premisa: las relaciones entre los Estados no se construyen necesariamente sobre la afinidad ideológica, la fidelidad entre aliados o las expectativas de sus dirigentes, sino sobre objetivos estratégicos que pueden cambiar según las circunstancias.
Desde esa perspectiva, el politólogo interpreta la ausencia de Machado en las conversaciones como una señal de que el respaldo internacional, por sí solo, no garantiza influencia efectiva en una negociación.
La situación también plantea interrogantes sobre la capacidad de la oposición venezolana para mantener una estrategia común frente al chavismo y frente a los actores internacionales que intervienen en el proceso.
Una negociación que deja interrogantes
Cruz también cuestiona que las conversaciones avancen sin la participación directa de Machado, una de las figuras centrales de la oposición venezolana.
«Para ellos, esta señora ni siquiera existe», expresó el comunicador al referirse a la posición que, según su interpretación, ocupa actualmente la dirigente en el proceso negociador.
La afirmación resume su lectura de un escenario en el que otros representantes opositores han optado por participar en las conversaciones, mientras Machado reclama que se tome en cuenta su liderazgo y la voluntad política expresada por sus seguidores.
Sin embargo, la exclusión de la dirigente de la mesa no significa necesariamente que haya desaparecido del escenario político venezolano. Su capacidad de movilización, su respaldo popular y su influencia sobre una parte importante de la oposición continúan siendo factores relevantes para cualquier eventual proceso electoral.
Además, el Departamento de Estado estadounidense ha sostenido que Vente Venezuela, el partido de Machado, recibió una invitación para participar, aunque la dirigente ha denunciado que ella no fue incorporada directamente a las negociaciones. Esta diferencia entre la posición oficial de Washington y las críticas de la opositora añade complejidad al debate. EFE.
El costo político de no interpretar la geopolítica
La tesis de Manuel Cruz abre un debate sobre los límites de las alianzas internacionales y el margen de maniobra de los dirigentes que buscan apoyo de potencias extranjeras para alcanzar sus objetivos políticos.
En el caso venezolano, la prioridad de Estados Unidos parece centrarse en conducir un proceso de negociación que permita avanzar en sus objetivos estratégicos, aun cuando las decisiones adoptadas generen tensiones entre los sectores opositores.
Para Machado, el desafío consiste en preservar su liderazgo y demostrar que su exclusión de la mesa no se traducirá en una pérdida definitiva de influencia. Para los sectores opositores que sí participan, el reto es conseguir resultados concretos sin profundizar las divisiones internas.
El desenlace dependerá, en buena medida, de los acuerdos que puedan alcanzarse, las garantías democráticas que se establezcan y la posibilidad de que el proceso desemboque en elecciones con condiciones legítimas.
La reflexión de Cruz deja así una interrogante de fondo: ¿puede un dirigente mantener su proyecto político cuando los intereses de sus principales aliados internacionales dejan de coincidir plenamente con los suyos?
En Venezuela, la respuesta todavía está en construcción. Lo que sí evidencia la coyuntura es que contar con aliados poderosos no equivale necesariamente a controlar las decisiones, y que la influencia internacional puede abrir oportunidades, pero también imponer límites inesperados.





