Redacción. — Como cada 31 de octubre, la Noche de Brujas o Halloween vuelve a acaparar la atención en diversos puntos de la geografía nacional, consolidándose como una fecha de alta actividad comercial, fiestas temáticas y eventos infantiles, a pesar de no formar parte de las raíces tradicionales de la cultura dominicana.
Durante los últimos días, centros educativos, plazas comerciales y residenciales privados han reportado una intensa agenda de actividades. Niños ataviados con disfraces de superhéroes, personajes de terror y fantasía participan en concursos y dinámicas de recolección de dulces, impulsando el sector comercial que cada año renueva su oferta de artículos decorativos, máscaras y indumentarias.
En el plano de la vida nocturna, bares, discotecas y lounges de la capital y otras provincias han preparado fiestas temáticas y «after parties» que se extienden durante todo el fin de semana, atrayendo a un público joven que busca espacios de esparcimiento y socialización.
Una tradición adoptada con opiniones divididas
Si bien la festividad de origen celta ha ganado un espacio indiscutible en el calendario urbano y comercial, esta no deja de generar debate en la sociedad dominicana.
Mientras sectores comerciales, colegios privados y jóvenes defienden la fecha como una simple oportunidad para la diversión, la creatividad y el dinamismo económico, diversos sectores tradicionales y religiosos mantienen sus reservas. Estos últimos argumentan que la celebración promueve influencias culturales ajenas a la identidad nacional y desvía la atención de festividades locales o religiosas del mes de noviembre.
Pese a las posturas encontradas, lo cierto es que Halloween demuestra cada año una mayor integración en los espacios de entretenimiento del país, adaptándose al ritmo de la modernidad y la globalización.





