Especialistas advierten que el país se encuentra sobre un límite activo de placas tectónicas y que, aunque es imposible predecir cuándo ocurrirá un gran terremoto, es necesario reducir la vulnerabilidad de las edificaciones.
Santo Domingo.– La República Dominicana continúa expuesta a una elevada amenaza sísmica debido a su ubicación en el límite de interacción entre las placas tectónicas del Caribe y Norteamérica, una condición geológica que ha generado algunos de los terremotos más destructivos de la historia del país y que mantiene activas varias fallas capaces de producir eventos de gran magnitud.
La advertencia fue reiterada por especialistas en ingeniería sísmica y estructural durante el panel «Construyendo un país más seguro y resiliente a través del conocimiento, la unidad y la prevención», organizado por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), donde coincidieron en que el país debe fortalecer la prevención, mejorar la supervisión de las construcciones y prepararse para futuros eventos sísmicos, ya que la ciencia no puede determinar cuándo ocurrirá un terremoto.
La doctora en Ingeniería Sísmica Claudia Germoso explicó que la República Dominicana comparte con otros países del Caribe una alta amenaza sísmica por encontrarse sobre el contacto entre las placas del Caribe y Norteamérica.
La investigadora señaló que el país posee cerca de 18 fallas geológicas activas, entre ellas la Falla Septentrional, que atraviesa la región norte desde Montecristi hasta Samaná, y la Falla de Enriquillo, localizada en la región sur, consideradas las dos estructuras tectónicas con mayor potencial para generar terremotos destructivos. También destacó el riesgo asociado a la Trinchera de los Muertos, una estructura submarina cuya actividad podría afectar especialmente al Gran Santo Domingo.
Durante su intervención, Germoso recordó que la Falla Septentrional acumula aproximadamente 80 años sin generar un gran terremoto, un período de silencio sísmico que refleja la acumulación de esfuerzos tectónicos, aunque aclaró que este comportamiento no permite establecer cuándo podría liberarse esa energía.
«Estamos aguardando un evento de proporciones importantes. No se trata de si ocurrirá, sino de cuándo ocurrirá, y la población debe estar completamente preparada», expresó la especialista, al tiempo que enfatizó que no existe ningún método científico capaz de predecir el momento exacto en que ocurrirá un terremoto.
El mayor riesgo está en las edificaciones
El ingeniero estructural Luis Abbott sostuvo que el impacto de un terremoto depende, en gran medida, de la calidad de las construcciones y del cumplimiento de las normas de diseño sísmico.
«Los terremotos no matan; las estructuras son las que matan», afirmó el especialista, al explicar que una edificación correctamente diseñada, construida y supervisada tiene mayores probabilidades de resistir un sismo severo.
Abbott advirtió que una de las principales debilidades del país continúa siendo la construcción informal y la falta de supervisión técnica durante la ejecución de muchas obras.
Según explicó, la aprobación de planos o licencias no garantiza por sí sola la seguridad de una edificación si durante la construcción no se respetan las especificaciones estructurales previstas en el diseño.
Asimismo, recomendó que las edificaciones que presenten grietas estructurales o signos de deterioro sean evaluadas por profesionales especializados para determinar si requieren reforzamientos que mejoren su comportamiento ante un eventual terremoto.
Una amenaza respaldada por la historia
La actividad sísmica forma parte de la historia geológica de la República Dominicana. Entre los eventos más significativos figuran el terremoto de 1562, que destruyó gran parte de la antigua ciudad de La Vega; el sismo de 1842, que causó graves daños en el norte del país y en Haití; y el terremoto de 1946, originado frente a la península de Samaná, con una magnitud superior a 8, que generó un tsunami y dejó importantes pérdidas humanas y materiales.
Para los especialistas, estos antecedentes confirman que el país seguirá experimentando terremotos de gran magnitud como parte de su dinámica tectónica, aunque resulte imposible anticipar el momento exacto en que ocurrirán.
Reducir la vulnerabilidad es el principal desafío
Los expertos coincidieron en que la mejor estrategia para disminuir el impacto de un futuro terremoto consiste en fortalecer el cumplimiento de las normas de construcción, supervisar rigurosamente las obras durante su ejecución, evaluar las edificaciones existentes y continuar desarrollando investigaciones que permitan conocer con mayor precisión el comportamiento de las fallas geológicas del país.
En ese sentido, destacaron que el Laboratorio de Ingeniería Sísmica del INTEC desarrolla estudios de microzonificación, monitoreo instrumental y análisis mediante inteligencia artificial para mejorar la evaluación del riesgo sísmico y apoyar la toma de decisiones en materia de planificación territorial y protección de infraestructuras críticas.
El mensaje de los especialistas fue claro: los terremotos son fenómenos naturales inevitables, pero sus consecuencias pueden reducirse significativamente cuando las edificaciones cumplen con criterios técnicos adecuados y existe una cultura de prevención basada en el conocimiento científico y la gestión del riesgo.





