Ana Simó: “No hay que acostarse para ser infiel; desde el momento en que usted le da cabida a otra persona, comienza el problema”
La sexóloga y especialista en salud mental reflexiona sobre los límites de la fidelidad en las relaciones de pareja y advierte que ciertas interacciones pueden abrir la puerta a situaciones que afectan la confianza.
SANTO DOMINGO, República Dominicana. — La fidelidad en las relaciones de pareja va más allá del contacto físico. Así lo plantea la sexóloga y especialista en salud mental Ana Simó, al reflexionar sobre las conductas que pueden comprometer la confianza y la estabilidad emocional dentro de una relación.
Desde esta perspectiva, la infidelidad no debe analizarse únicamente a partir de un encuentro sexual, sino también tomando en cuenta las intenciones, los límites acordados y el espacio emocional que una persona decide conceder a alguien fuera de su relación.
La reflexión pone sobre la mesa una pregunta que genera debate entre las parejas: ¿la infidelidad comienza cuando ocurre el contacto físico o cuando se desarrollan comportamientos que cruzan los límites de la relación?
¿Dar un “like” es ser infiel?
En la era de las redes sociales, las interacciones digitales se han convertido en un nuevo motivo de desacuerdo entre las parejas. Un “me gusta” en una fotografía, un mensaje privado o una conversación frecuente pueden generar inseguridad, especialmente cuando existe una intención romántica o se procura mantener esas interacciones en secreto.
Sin embargo, un “like” no constituye necesariamente una infidelidad. Su significado depende del contexto, las intenciones de quien lo realiza y los acuerdos establecidos dentro de la relación.
La controversia surge cuando una interacción aparentemente inofensiva se convierte en una vía para buscar atención, alimentar una atracción o establecer una conexión que la persona prefiere ocultar a su pareja.
En ese sentido, considerar estas conductas como una posible antesala de la infidelidad es una interpretación que invita a reflexionar sobre los límites personales y el compromiso afectivo.
La confianza también se construye con límites
Las relaciones saludables requieren honestidad, comunicación y acuerdos claros sobre lo que cada integrante considera aceptable. Cuando estos límites no se conversan, pueden surgir interpretaciones diferentes sobre una misma conducta.
Para algunas personas, intercambiar mensajes con alguien que despierta interés romántico representa una falta de respeto; para otras, determinadas interacciones digitales no tienen mayor significado mientras no exista un vínculo emocional o físico.
Por ello, más que establecer una regla universal sobre qué constituye una infidelidad, resulta importante que las parejas definan sus expectativas y actúen con coherencia respecto a los compromisos asumidos.
La transparencia también desempeña un papel fundamental. Ocultar conversaciones, mentir sobre determinados contactos o mantener vínculos paralelos puede deteriorar la confianza, incluso cuando no existe contacto sexual.
Una reflexión sobre la fidelidad en tiempos digitales
El planteamiento atribuido a Ana Simó invita a ampliar la conversación sobre la fidelidad y a reconocer que los conflictos de pareja no siempre comienzan en la intimidad física. En ocasiones, las diferencias aparecen cuando uno de los integrantes percibe que se han traspasado límites emocionales o afectivos.
La discusión, sin embargo, no debe reducirse a condenar cada interacción en las redes sociales, sino a comprender las intenciones, respetar los acuerdos y reconocer el impacto que determinadas conductas pueden tener en la otra persona.
En definitiva, la fidelidad no depende exclusivamente de evitar el contacto físico con terceros. También implica responsabilidad afectiva, honestidad y respeto por los compromisos que cada pareja decide establecer.





