La firma Shenzhen Culture and Tourism y Pudu Robotics, una compañía china especializada en robots comerciales de servicio, un acuerdo para construir este hotel en la isla artificial occidental del enlace Shenzhen-Zhongshan. Las dos partes lo presentan como un establecimiento donde las máquinas no estarán solo para hacer una demostración puntual, sino para cubrir tareas reales del día a día.
El lugar no es casual. El hotel se proyecta en la isla artificial occidental del enlace Shenzhen-Zhongshan, una pieza levantada en las aguas de Lingdingyang dentro de una infraestructura de unos 24 kilómetros. El contexto ayuda a entender la elección. Esta ciudad, hoy convertida en un enorme centro tecnológico, había sido apenas unas décadas antes una pequeña localidad pesquera al norte de Hong Kong. La isla abrió oficialmente al público el 29 de diciembre de 2025 tras una fase de prueba con casi 10.000 visitantes.
La promesa. El proyecto quiere cubrir las tareas más visibles y también algunas de las que normalmente no vemos tanto. Según la información oficial, los robots se encargarían de recibir a los huéspedes, orientarles con el equipaje, llevar comida, atender habitaciones, limpiar, patrullar por seguridad y acompañar o interactuar con los visitantes.





