Redacción. — La proliferación de videos virales en redes sociales donde menores de edad agreden física o verbalmente a sus padres ha encendido las alarmas, un fenómeno que la psicología e investigación científica estudian bajo el concepto de Violencia Filio-Parental (VFP).
Lejos de tratarse de una simple «rabieta», la VFP comprende agresiones recurrentes cuyo objetivo principal es dominar e imponer la voluntad del menor en el ámbito familiar, de acuerdo con referentes científicos en la materia como el estudio clave de Calvete y Orue de 2016.
El detonante: El conflicto en las pantallas
Los especialistas señalan que el origen de estas conductas explosivas suele encontrarse en el uso excesivo de dispositivos móviles y videojuegos. En la mayoría de los casos documentados, el estallido de violencia ocurre cuando los padres deciden apagar el teléfono o imponen límites de tiempo.
El uso desmedido de pantallas deteriora drásticamente la tolerancia a la frustración de los menores, provocando que reaccionen de manera agresiva ante la incapacidad de gestionar una negativa o un «no».
La trampa y el incentivo de las redes sociales
El problema se agrava cuando estas agresiones son expuestas públicamente. Según el análisis de los comportamientos digitales, el algoritmo premia el escándalo, impulsando a los menores a buscar atención rápida y aprobación en forma de «likes».
Asimismo, la exposición constante a entornos digitales genera una desconexión moral, haciendo que los niños dejen de percibir el dolor o la dignidad de sus propios padres y comiencen a verlos únicamente como «contenido» destinado a entretener a usuarios extraños.
¿Qué recomienda la ciencia para frenar la VFP?
Ante esta problemática, equipos de investigación de instituciones como la Universidad del País Vasco proponen directrices claras para la intervención familiar:
- Cero tolerancia: Evitar tajantemente minimizar, normalizar o justificar la primera agresión bajo el argumento de que «es solo una etapa».
- Límites firmes: Recuperar la autoridad parental desde la firmeza, estableciendo normas claras pero libres de violencia.
- Apoyo psicológico oportuno: Buscar intervención profesional a tiempo para entrenar al menor en la correcta gestión emocional y el control de impulsos.





