SANTO DOMINGO — El periodista Julio Martínez Pozo advirtió este martes que el Estado fallido de Haití terminaría de hundirse si se acogen las propuestas de negociación de las bandas armadas, señalando que estas agrupaciones buscan aplicar la máxima de «cambiarlo todo para que nada cambie».
Durante su participación en el programa radial El Sol de la Mañana, el comunicador analizó el panorama de inseguridad en la vecina nación y puso como referencia la experiencia del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, en su combate frontal contra las pandillas.
Martínez Pozo recordó que el éxito del mandatario salvadoreño frente a las estructuras criminales radicó precisamente en no negociar bajo ninguna circunstancia con los delincuentes.
En ese sentido, contrastó esta postura con el pasado político de El Salvador, recordando que tanto partidos de izquierda (FMLN) como de derecha (ARENA) negociaron, empoderaron y financiaron en su momento a las pandillas a cambio de periodos de aparente paz o conveniencias electorales, lo que mantuvo al país centroamericano colapsado durante años.
El peligro de una falsa mesa de diálogo
Al referirse al contexto haitiano, el periodista indicó que ante el peligro real que representa la presión actual de las fuerzas de seguridad, los líderes de las bandas criminales han optado por cambiar su estrategia comunicacional.
Según explicó, tras una primera aparición ostentosa mostrando su poderío armamentístico, la línea discursiva dio un giro de 360 grados para apelar al diálogo, la paz y las negociaciones. A su juicio, esto evidencia que tras estas figuras hay asesoría política interesada en disipar los operativos de seguridad para que todo vuelva a las «cosas viejas».
«Eso quiere decir que él no está solo, está políticamente bien asesorado y probablemente en su banda hay políticos», sostuvo Martínez Pozo, al recordar además que las propias bandas fueron creadas históricamente por sectores políticos para boicotear procesos electorales.
Para finalizar, el analista concluyó que los cabecillas criminales saben que su mayor peligro está en su propio entorno y buscan salidas negociadas que, a su juicio, «no tienen la menor posibilidad de ser acogidas», por lo que insistió en que este no es el momento para pactar con la criminalidad.





